Federico Martín Bahamontes
De Mitoledo
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cuyo nombre completo es el de ALEJANDRO FEDERICO MARTÍN BAHAMONTES, es el ciclista toledano de mayor relieve internacional de todos los tiempos.Nació el lunes 9 de Julio de 1928 en Val de Santo Domingo (hoy renombrado como Santo Domingo-Caudilla), en una casilla de peones camineros de RENFE, oficio que ejercía su padre, que se llamaba Julián Martín. Hasta que un buen día decidió por su cuenta y riesgo trasladarse a la ciudad de Toledo. Encontró trabajo en un cigarral, una extensa huerta cercada, con árboles frutales y casa amplia, que se situaba en las afueras de la ciudad. Era el sacrificio continuo de un padre por sus hijos.
Cuando era joven, contrajo el tifus e hizo prometer a su padre que le compraría una bicicleta si se curaba. Así sucedió, y cuando Fede contaba once años de edad, su progenitor tuvo que invertir casi todos los ahorros de la familia en comprar a un herrero un artilugio destartalado en forma de bicicleta. ¡Su primera bicicleta!
A los diecisiete años, Bahamontes comenzó a trabajar como carpintero. Unos amigos le incitaron a que se comprara una bicicleta de segunda mano y les acompañara en algunas excursiones ciclistas. Le costó 30 duros (150 pesetas / 0,90 euros). La bicicleta, además, le fue de gran utilidad para trasladar y vender fruta y así obtener algún dinerillo. En el mercado central de Toledo, de madrugada, ejercía la dura labor del trasiego de mercancías.
En Toledo se fue fraguando como futuro escalador ciclista a base de subir con asiduidad la empinada cuesta de la calle de Cristo de la Luz y otras varias de dureza similar. Allí desafió a sus amigos y allí se vislumbró su facilidad sobre los pedales. Sin embargo, años antes, en un reconocimiento médico como consecuencia de haber sufrido unas fiebres tifoideas, se le detectó una clara insuficiencia torácica que no le presagiaba un buen porvenir.
Su primera carrera ciclista de cierta consistencia la disputó en el año 1947: Fue la Toledo-Torrijos-Toledo de 60 km de longitud. En ella consiguió el segundo puesto. Vencedor en la Vuelta a Ávila el 1948. En el año 1949, todavía como aficionado, fue segundo en la Vuelta a Albacete y se proclamó Rey de la Montaña de esa carrera. Ganó la Vuelta a Salamanca.
En 1952, se impuso en la Vuelta a Madrid y fue Campeón de España de Aficionados; luego se hizo profesional, ignorando el reconocimiento médico de la Federación Española de Ciclismo, según el cual no era apto para la práctica de este deporte.
En 1953 se adjudica la Vuelta a Málaga y la subida a Mont Agel. Un año más tarde repite victoria en la subida a Mont Agel, además de la Subida a Mont Faron, y es Rey de la Montaña de la Vuelta a Francia.
En la Vuelta a Asturias del año 1953, se empezó a hablar de él con más contundencia al conquistar el Gran Premio de la Montaña. El vencedor absoluto de la prueba fue el malogrado mallorquín Antonio Gelabert. Es bueno que se sepa que Bahamontes, al no contar con medios económicos suficientes —sólo 100 pesetas—, se trasladó en bicicleta a las tierras del norte, recorriendo 700 kilómetros en tres días para poder participar en aquella competición. Lo hizo con otros animosos compañeros. El ciclismo de aquel entonces era una actividad poco considerada y los ciclistas un tanto modestos se veían obligados a hacer esa clase de locuras. Viajaban montados en su bicicleta y luego competían. Son hechos que enaltecen a los héroes.
En el año 1955 gana la Vuelta a Asturias y a Los Puertos . Vuelve a lograr el triunfo en la Vuelta a Asturias en 1956. Dos años más tarde es Campeón de España de Fondo en Carretera.
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Rey de la Montaña en el Tour de Francia (6 veces) |
Se fue especializando en la escalada y llegó a ganador del premio de la montaña en el Tour de Francia del año 1954 y después en el de 1959. Pero, sin duda, su victoria más brillante que nunca le podrán arrebatar, es haber sido el primer español en ganar el prestigioso Tour de Francia, la carrera ciclista por etapas más importante del mundo. Esta victoria ocurrió en el año 1959 en la que el Torur de Francia contaba con un total de 22 etapas. La etapa 15ª era de contra-reloj-individual y la ganó limpiamente sacando un tiempo considerable a los demás ciclistas. Aquella etapa tenía 13 Km. Y consistía en la ascensión al Puy de Dôme. El 18 de julio de 1959, en los Campos Elíseos de París fue coronado como Rey de la Montaña y flamante ganador de la gran carrera de 4.329 Km., en la que invirtió un tiempo total de 123 horas, 46 minutos y 45 segundos, obteniendo una velocidad media de 36,6 Km/h.
En el Tour de aquel año, Bahamontes no partía como favorito ni revestía peligro para nadie; sin embargo, una larga escapada en los Pirineos y su victoria en la cronoescalada de Puy de Dôme le supusieron una importante acumulación de minutos. En los Alpes, se asoció con el también escalador Charly Gaul y, aunque tanto Henri Anglade como Jacques Anquetil le recortaron tiempo en las sucesivas etapas, no supuso una amenaza para el toledano, que aventajaría a Anglade como segundo clasificado, en más de 4 minutos al final del Tour.
En el Tour de Francia de 1963, Bahamontes se vio relegado por Anquetil a ocupar la 2ª plaza. Muy igualados tanto en los Alpes como en los Pirineos, Anquetil daría el golpe de efecto en la contrarreloj, consiguiendo su, por aquel entonces su 4º Tour, seguido por Bahamontes a más de tres minutos y medio. Un año más tarde, en 1964, Bahamontes terminaría 3º por detrás de Anquetil y Raymond Poulidor, a más de cuatro minutos del ganador.
Como buen escalador que era, Federico ganó el Gran Premio de la montaña dos veces en la Vuelta a España, una en el Giro de Italia y seis en el Tour de Francia.
Bahamontes concurrió en 10 ocasiones a la gran competición ciclista del Tour de Francia, logrando adjudicarse la edición del año 1959.
Además, por seis veces, se permitió el lujo de ganar el Gran Premio de la Montaña, algo que no era fácil de conseguir en aquellas épocas en las que abundaban escaladores de categoría, por lo que empezó a ser considerado el mejor escalador de toda la historia del ciclismo, lo que le valió el apodo de El Águila de Toledo. Fue él y no otro el que abrió las puertas al ciclismo español en el Tour. Le seguirían en el camino de la fama, Luis Ocaña, Perico Delgado, Miguel Induráin, Oscar Pereiro y Alberto Contador, que también fueron grandes vencedores en la cotizada prueba por etapas.
Además de su primer puesto de 1959, fue segundo en 1963, tercero en 1964, y cuarto en 1957. Ganó siete etapas (dos en 1958; una en 1959, 1962 y 1963; y dos en 1964), y conquistó en seis ocasiones el Gran Premio de la Montaña (1954, 1958, 1959, 1962, 1963 y 1964), récord que no sería igualado hasta 1983, por el belga Lucien van Impe, y que finalmente superaría el francés Richard Virenque en 2004. Debutó en la ronda gala en 1954, año en el que fue elegido por Julián Berrendero para integrar la selección española que había de acudir a Francia, ya que por aquellos años, los equipos ciclistas se formaban por nacionalidades y no por marcas comerciales, como es en la actualidad.
Aquel año, en el Tour de 1954, ofreció un gran recital en los Alpes, acabó en el vigésimo quinto puesto de la clasificación general y se proclamó por vez primera Rey de la Montaña. Protagonizó, además, una anécdota que figura en los anales del Tour: Cuando se iba escapado en el col de la Romeyère, disponía de tanta ventaja sobre sus seguidores que se acercó a un vendedor de helados y le pidió uno, pero no se sentó a la cuneta a esperar el pelotón como falsamente se difundió hasta la saciedad.
Este curioso detalle sirvió para aumentar la polémica que rodeaba al toledano, ya que algunos le acusaron de excéntrico y arbitrario.
En la Vuelta Ciclista a España se impuso en tres etapas (una, respectivamente, en 1957, 1959 y 1960) y su mejor clasificación fue el segundo puesto logrado en 1957. También consiguió dos victorias en el Gran Premio de la Montaña (1957 y 1958) de la Vuelta, y una (1956) en el del Giro de Italia (prueba en la que se anotó una etapa en 1958). Las frecuentes caídas y alguna lesión de importancia (problemas de rodilla y una rotura de fémur en 1960) complicaron su carrera, que prolongó hasta 1965, cuando ya contaba 37 años. Además de los títulos reseñados, fue campeón de España contrarreloj (1958) y de montaña (1959); y se impuso en tres ediciones de la Subida al Mont Agel (1954, 1955 y 1961); en cinco del Critérium del Mont Faron (1955, 1957, 1962, 1963 y 1964); en dos de la Vuelta a Asturias (1955 y 1957); en cinco de la Subida a Arrate (1958, 1959, 1960, 1961 y 1962); y en una de la Vuelta a los Puertos (1955), de la Subida al Naranco (1964) y de la Escalada a Montjuïc (1965).
De él dijo un día Godet, (patrón del Tour) que en sus músculos hay tanta fuerza y elasticidad como en las espadas de Toledo. También era muy destacado su carácter austero, desconfiado y pendenciero. Algo así como si pudiéramos decir de un paleto avispadillo.
La polémica le va a acompañar desde los primeros momentos, algunas veces no alimentada por él, sino por sus detractores e incluso por sus amigos y defensores. Toda su carrera estuvo llena de momentos brillantes, pero salpicados de caidas, abandonos, mala suerte, etc... y también de declaraciones que no siempre eran justas ni oportunas.
Federico tiene el honor de ser el primer ciclista español en manter a toda la nación en vilo durante varios veranos de los años 50 y 60 —tanto cuando ganó como cuando no lo consiguió y estuvo a punto, o cuando ganó la montaña (1954, 56, 58, 62, 63, 54)—.
Los recibimientos que tuvo, tanto en 1954 cuando conquistó el Primer Gran Premio de la Montaña, como en 1959, cuando se impuso el Tour, fueron comparados (salvando las distancias) con el que años después tuvieron los astronautas que llegaron a la Luna, lo que demuestra, a las claras, cómo llegó Fede a ser de popular.
Bahamontes se retiró con 36 años, el 12 de octubre de 1965, en la Subida de Monjuitch, donde se le dedicó un gran homenaje. Recibió el 18 de marzo del 2002 en la Diputación Provincial de Toledo, el título de hijo adoptivo de la provincia. En el acto estuvieron presentes varios compañeros del campeón en aquella histórica competición.
En diciembre de 2002, le fue concedida la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo, la máxima distinción deportiva que concede el Estado Español.
En el año olímpico 1992 fue uno de los portadores de la antorcha olímpica de los JJ.OO. de Barcelona'92.
Durante todos estos años continúa ligado profesionalmente al ciclismo como director de equipos, tanto profesionales como aficionados, e incluso como organizador de carreras. Es el principal instigador y organizador de la Vuelta Ciclis ta a Toledo que en este año del 2007 se celebra la XLII edición.
Su amplio palmarés nos habla de un ciclista sobre todo escalador, aunque con el paso del tiempo se convirtió en un gran rodador. Quizás si hubiese corrido con un poco más de cabeza —se movía normalmente por impulsos— y hubiese estado mejor dirigido en carrera, sus triunfos llenarían hoy varias páginas más. Esa misma cabeza que empleó en el Tour de 1959 cuando ganó y declaró: "Langarica es el director que yo necesitaba. Él me aconsejó abandonar la obsesión de la montaña."
| año | competición |
| 1952 |
■ Ganador de la Vuelta a Madrid |
| 1953 |
■ Ganador de la Vuelta a Málaga |
| 1954 |
■ Rey de la Montaña en el Tour de Francia y 25º en la General |
| 1955 |
■ 1º en la Subida al Mont Agel |
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1956 |
■ Ganador de la Vuelta a Asturias |
| 1957 |
■ Rey de la Montaña en la Vuelta a España y 2º en la General |
| 1958 |
■ Rey de la Montaña del Tour y 8º en la Clasificación General + 2
etapas ganadas |
| 1959 |
■ 1º en Subida a Arrate |
| 1960 |
■ 1º en la Subida a Arrate |
| 1961 |
■ 1º en Mont Agel |
| 1962 |
■ 1º en la Subida al Mont Faron y "récord" de la prueba |
| 1963 |
■ 1º en la subida al Mont Faron |
| 1964 |
■ 1º en la Subida al Mont Faron |
| 1965 |
■ 1º en el Circuito Provenzal y Rey de la Montaña. |




