Biblioteca Pública de Toledo
De Mitoledo
Heredera de una rica tradición histórica que se remonta a la biblioteca arzobispal de Toledo fundada en 1771 por el Cardenal Francisco Antonio de Lorenzana.
Se trata, en efecto, de la Biblioteca Pública fundada por Real Cédula de 1771 en Toledo para recoger los fondos de los colegios y casas de jesuitas y que fue impulsada por el cardenal Francisco Antonio de Lorenzana durante su etapa como arzobispo de Toledo. Lorenzana fue además arzobispo de México, inquisidor general y embajador en Roma. La biblioteca se abrió efectivamente en 1775 bajo la dirección del bibliotecario Pedro Manuel Hernández. Los fondos incrementados por los que donó el sucesor de Lorenzana y también cardenal Luis Maria de Borbón. Hipólito Escolar recoge en su “Historia de las Bibliotecas” la incorporación de la colección de los “calígrafos” Palomares, padre e hijo, a esta colección Borbón-Lorenzana, tratándose sin duda de la misma persona a la que se refiere Ponz.
Ponz da una explicación más detallada de la biblioteca en otra parte de este mismo primer tomo:
"...después de haber ampliado casi otro tanto de lo que era antes, el palacio Arzobispal, ha establecido en él Biblioteca pública, con la particularidad de que en menos de un año se dispusieron las piezas destinadas, se hicieron y dieron de color los estantes, se coordinaron mas de seis mil cuerpos de libros, entresacados de una multitud que el Rey destinó y estaban en Bibliotecas de los Jesuitas, y se colocaron, franqueándola al público en Noviembre de 1773.
Al presente se halla aumentada con mas de seis mil libros, que la generosidad del Señor Arzobispo ha ido agregando, de suerte que se reputa de trece mil volúmenes, en que se encuentran colecciones de Biblias, Concilios, Santos Padres, Autores Eclesiásticos, y profanos de las mejores ediciones antiguas, y modernas, que se van juntando, con una estimable porción de m. s. é impresos, pertenecientes á la América: otra de Autores Toledanos qué tratan de la Ciudad, y de la Iglesia; una colección entera de Sinodales Españolas con algunas Portuguesas, Francesas, é Italianas, y una considerable cantidad de traducciones castellanas, de latín, y griego hechas en los tres siglos anteriores. En la Biblioteca de D. Nicolás Antonio falta la noticia de muchos de estos libros."
Esta biblioteca fue trasladada en 1919 del Palacio Arzobispal a su emplazamiento en el Hospital de Santa Cruz, antiguo Paseo del Miradero. En conjunto, la Biblioteca Pública Provincial de Toledo tenía un total de 176.495 libros y 1.099 manuscritos según el Directorio de Bibliotecas Españolas.
En la Carta Segunda de este mismo primer tomo dedicado a Toledo Ponz menciona también la biblioteca (“libreria” en el lenguaje de la época) de la Catedral
"...justamente celebrada, como Y no ignora, consistiendo en más de setecientos manuscritos lo más apreciable que tiene, y entre ellos los hay rarisimos de nuestras Leyes antiguas; de Misales, Biblias, y demás materias sagradas, y profanas. Ya sé que Y tiene listas de lo mejor que hay, y particularmente me acuerdo de las justas alabanzas que en cierta ocasión le oí de la célebre Biblia Gótica, que aquí se conserva. Algunos de estos libros son también de sumo precio por el exquisito trabajo material de la letra, pinturas y otras labores maravillosas, que causan admiración al considerarlos."
A continuación dedica algunas consideraciones a la Biblia latina manuscrita en vitela de la biblioteca catedralicia. El texto tenía algunas glosas en francés, por lo que se creía que era donativo de San Luis, Rey de Francia. Sin embargo, Ponz cree distinguir en los broches de cierre “armas episcopales con su capelo encima” por lo que piensa que pudo ser donada por San Luis, Obispo de Tortosa. A continuación, Ponz con su característico punto de vista documental, reproduce el original de la Carta en latín con la que el primero de estos santos acompañó sus regalos y hace notar que no se menciona en ella para nada la Biblia manuscrita, por lo que se manifiesta partidario de la segunda atribución. Termina escribiendo, dirigiéndose a su supuesto interlocutor como en otras muchas ocasiones, que "sería menester que V. viese estas cosas para formar cabal idea".
Cierra sus puertas en diciembre de 1997. Y el 16 de octubre 1998 toma el nombre de Biblioteca de Castilla-La Mancha y abre sus puertas en el Alcázar de Toledo.

